Una travesía Denia-Ibiza-Formentera-Denia

26 -28 de Octubre de 2.007

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Durante el pasado verano empezamos a formar un grupo de navegantes "de agua dulce", o sea, los que viviendo lejos de la costa tenemos más dificultad para acceder a un barco.

A una primera reunión para conocernos y hacer planes acudimos Javier Giménez, Miguel Algora y Jorge García. En la siguiente se incorporó Fernando Molina. En seguida nos animamos a intentar una travesía que mereciera la pena: El salto a las Baleares.

Después de una larga preparación en que el deseo de embarcar crecía cada día, nos encontramos el viernes 26 de octubre para salir hacia Denia, nuestro puerto de partida.

Embarcados el mismo viernes por la noche en un Jeanneau de 37 pies alquilado a la empresa Sol y Luna, de trato excelente y buen servicio, iniciamos la travesía y, con ella, el cuaderno de bitácora a continuación:

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26 de octubre de 2.007, 21:00. Una vez a bordo y estibado el avituallamiento decidimos cenar antes de salir al mar.
No son ajenas a esta decisión las promesas que nos había hecho Miguel sobre sus dotes culinarias. Un estupendo cocido marinero que traía ya cocinado para prepararnos para el fresco de la noche. El anticipo de una comida excelente durante todo el viaje.

Una vez todo en orden, soltamos amarras y enfrentamos la bocana del puerto bien pegados al costado de babor, para evitar las olas rompientes en el contrario. Las recomendaciones antes de salir eran navegar a motor dado que hay una mar de fondo de casi dos metros y un viento demasiado bajo para remontarla.

A los pocos minutos, vemos que el viento del Nordeste de entre 12 y 15 nudos es suficiente para poder ceñir en rumbo directo, de modo que desplegamos las velas y apagamos el motor. ¡Qué diferencia! El desagradable zumbido que nos acompañaba se convierte en el susurro del viento y el acompasado hablar de las olas.
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27 de octubre, 00:00. El viento arrecia a 18-20 nudos y nos preparamos para una noche más difícil de lo previsto. Reducimos la mayor (enrollable) y el segundo turno se baja a dormir. El barco escora bastante y cabecea con la mar de fondo, haciendo una travesía incómoda pero emocionante para gente con poca experiencia como nosotros. A pesar de ello es bastante noble y no nos da ningún sobresalto.

07:00 Hecho el relevo de la guardia nos hemos encontrado con mucho tráfico de mercantes de través y, sobre todo, grandes pesqueros que navegan a nuestro alrededor buscando sus presas. Uno de ellos nos da un buen susto al acercarse a toda velocidad con todos sus focos encendidos y en rumbo de colisión hasta que se detiene a menos de un cuarto de milla de nosotros, justo  cuando nos preparábamos para arrancar el motor e intentar apartarnos de su derrota.
El viento ha arreciado aún un poco más, de modo que recogemos también parte del génova. La costa de Ibiza empieza a dibujarse con las primeras luces del alba y al fin alcanzamos el islote de Es Vedrá, justo con la salida del sol. Al desventarnos el sotavento de tierra, la mar queda tranquila con viento suave que nos impulsa tranquilamente mientras disfrutamos del amanecer y el descubrimiento, perdón, avistamiento, de tierra en nuestra primera travesía. Finalmente, han sido 8 horas de navegación, un buen registro cuando nos hablaban de entre 10 y 15 según las condiciones.




10:00 Tras tantear en la cala Llentrisca, que no nos parece demasiado abrigada, fondeamos en una más pequeña dentro de Porroig. Fondo cristalino, cielo luminoso a pesar de estar cada vez más cubierto y un buen descanso después de la agitada noche. Decidimos levar ancla y acercarnos frente al pueblo de Porroig.
Por el camino encontramos un espectáculo deplorable: una construcción ilegal, en plena falda de la costa, se ha derrumbado parcialmente debido a su chapucera construcción. Es lamentable contemplar el daño que el urbanismo salvaje está haciendo en esta bella isla, como en muchos otros lugares.
Fondeamos esta vez a una boya, justo a tiempo para un buen chubasco, que aprovechamos cada uno a su manera. Fernando consulta las cartas, Javier echa una mano a Miguel con la preparación de la derrota loxodrómica, de la que se examinará pronto y Jorge documenta el momento con fotografías.
13:00 Recuperadas las ganas de más emociones, decidimos aventurarnos a lo largo de los Freus hasta Formentera. En cuanto abandonamos el abrigo de la cala comprobamos que el viento no sólo no ha disminuido sino que ha ido a más. Pronto tenemos que reducir trapo y afrontamos el recorrido cada vez más excitados y con un viento creciente. Si hacemos caso del anemómetro de a bordo, el viento se mantiene entre 23 y 25 nudos, con rachas de 33. Es decir, ¡hasta fuerza 7!.
Como no nos atrevemos a continuar en estas condiciones dada nuestra poca experiencia, decidimos atracar en el puerto deportivo de La Savina. Aquí se pondrá de manifiesto, como en la salida de puerto ayer y en la entrada en Denia mañana, uno de nuestros puntos flacos más patentes: nuestra falta de destreza con la maniobra en puerto. Un amable italiano nos asesora y ayuda en la maniobra. Excelente detalle, que no queda empañado cuando descubrimos que su barco es el que está a continuación en el pantalán y se encontraba en serio riesgo de que lo abordáramos.

18:00. Una nueva comida de nuestro chef Miguel nos ha dejado a punto para descansar hasta ahora. En este momento recibimos una llamada del otro barco que zarpó junto a nosotros y con el que hicimos parte de la travesía: el Arantxa. Nos informa de que han hablado tanto con Denia como con Ibiza y todo parece indicar un empeoramiento del tiempo que durará hasta el martes. De modo que, con todas las opiniones expertas en contra, no nos atrevemos a insistir y ponemos rumbo a Denia.

21:00. La navegación es incómoda. Nos encontramos diferentes trenes de olas: la mar de fondo nos envía series de 3, de través y de buena altura, que hacen zarandearse al barco y tensan y destensan la botavara de la mayor según el viento de aleta nos empuja o el seno de la ola nos desventa, provocando continuos golpeteos. La mar de viento nos acompaña mucho más plácidamente, formando olas a nuestra popa que generalmente acaban antes de sobrepasarnos.
El primer turno de guardia baja a dormir unas horas y nos quedamos intentando ajustar el barco para navegar en mejores condiciones. Empezamos por desconectar el piloto automático del GPS, puesto que nos lleva a un rumbo demasiado cercano a la empopada, y orzamos un poco para tomar el viento más constantemente por la aleta. Abrimos más la mayor, soltamos más trapo puesto que el viento ha caido y dejamos que se embolse más puesto que iba demasiado aplanada para este viento. La diferencia es como de la noche al día y navegamos mucho más comodamente con un buen andar de 6-7 nudos.


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Domingo 28 de Octubre, 01:00
Hecho el cambio de guardia, el viento fue arreciando poco a poco hasta situarse de manera constante por encima de los 20 nudos e incluso llegando a 25 nudos y ráfagas superiores en las proximidades del cabo de S. Antonio, donde, por la elevación de la plataforma, las olas aumentaron también. La referencia de este cabo fue constante en la última parte del trayecto. Desde la vertical del faro y a un par de millas de éste, remontamos hacia Denia con el viento de través y poco a poco fuimos ciñendo más, hasta llegar a un descuartelar, para mantener una distancia de seguridad con la costa a sotavento. Ante el aumento de la fuerza del viento y la escora, que provocaban algunos rociones en la bañera, decidimos reducir trapo, así que arrancamos el motor, nos aproamos y enrollamos la mayor hasta el equivalente a un rizo y medio, aproximadamente, y el génova hasta la mitad de su superficie.

Continuamos así, mucho más cómodos, ganando algo de barlovento, hasta situarnos en la vertical y a media milla de la bocana del puerto de Denia, momento en el que volvimos a arrancar el motor, a aproarnos y a enrollar las velas. Pusimos rumbo al puerto en el que, debido al fuerte oleaje de popa, entramos pegados a la luz verde y casi surfeando. Ya en el puerto, hicimos la maniobra de atraque con algo de viento y volvimos a constatar lo necesario que es ensayar estas maniobras en buenas condicones para estar preparados para las peores.